Category: Sociedad

5a57ae8e5f68d
January 28th, 2018 by Patricio

El fenómeno del “conductor designado” y el desarrollo de nuevos gustos, impulsan la moda de estas bebidas sin alcohol. Un mundo nuevo de sabores y colores que no provocan resaca.


Tomar tragos sin alcohol está de moda. Y está de moda entre gente de alto poder adquisitivo, que vive en barrios privados y muy frecuentemente encajan en el perfil del (o bien la) bon vivant. Y se sabe: lo que la gente “top” hace o deja de hacer en muchas ocasiones influye sobre el resto. Mas también entre gente de menos recursos hay una mayor demanda de bebidas que no incluyen brebajes espiritosos.

Esta tendencia es el resultado de múltiples factores. El más inmediato y concluyentes es, claro, la ley de tolerancia cero al alcohol a la hora de conducir. Con ventas récord de automóviles y otros vehículos en los últimos años, era previsible que brotaría una cantidad notable de gente que, por la prohibición a conducir con alcohol en la sangre, se iba a inclinar a este género de consumo.

No obstante, también inciden otros elementos en este cambio de comportamiento. Kika Levi lleva 12 años sirviendo tragos a través de su empresa Glow! Para ella, además de la regla de tolerancia cero, influyen nuevos hábitos y gustos entre su clientela. “Sí, alén de la ley, hay una voluntad de consumir de una forma más sana y saludable. Es ya considerablemente más normal ver gente que no toma alcohol. No lo consume, como tampoco consume tanta azúcar o comida muy procesada”.

Ella arrancó atendiendo a un público empresarial; armaba barras de tragos para acontecimientos de cientos de personas. Pero transcurrido un tiempo se especializó en acontecimientos numéricamente más reducidos y exclusivos. Actualmente, Levi cuenta con una cartera de clientes a los que “les gusta la buena vida y hacen fiestas para celebrarla”, como afirma. Gente de distritos privados como La Tahona y San Nicolás, entre aquéllas que hay “colonias de inmigrantes” de venezolanos, argentinos y brasileños, que pueden hacer esta clase de fiestas en lugares exclusivos.

Según su experiencia, buena parte de las ganas de consumir bebidas que no pongan bajo riesgo la libreta de conducir y no signifiquen un reto para la billetera tienen su origen en el desarrollo de los nuevos gustos de los uruguayos. “La gente viaja más. Ve más cosas, se entera, se abre”. Y eso resulta, de acuerdo a su línea de argumento, en el desarrollo de nuevas preferencias y una nueva conciencia sobre el peso de la comida y la bebida en la salud.

Juan Lamela, actualmente barman del restaurante Manzanar en Carrasco, hace diez años que está en el negocio de atender una barra. Lo ha hecho tanto en Uruguay como en el extranjero, por poner un ejemplo en Irlanda y E.U..

Lamela asimismo opina que la cero tolerancia al alcohol en el tránsito cambia los hábitos de consumo de mucha gente. Él mismo dice que ya no toma bebidas alcohólicas cuando sale. “Hay varias opciones. Por un lado, están los jugos, por el otro las bebidas sin alcohol como la cerveza, que también tomo cuando salgo, y los tragos, los cócteles, sin alcohol”, cuenta.

A Lamela, aunque ya lleva varios años preparando tragos, no le molesta que se los pidan sin alcohol, aunque reconoce que el esmero en la mayoría de los casos está puesto en la creación de combinaciones que incluyen alguna bebida alcohólica. “Pero en realidad, el abanico de opciones para hacer tragos de esta manera es enorme”.

Ahí entran a importar yerbas aromatizadas, frutas, plantas y toda una gama de sabores y colores del planeta vegetal, como jengibre, pomelo rosado, albaca, menta, tomillo, romero, y mucho más. “Yo siempre y en toda circunstancia trato de hacer tragos que sean simples de tomar, frecuentemente algo cítrico y dulce”, comenta Lamela y agrega que hay que saber cuándo hacer un trago de este modo y en qué momento no. “No haría un temtempié sin alcohol. Que sea algo más refrescante”. Tambien es ideal para innovar en los que estan pensando en alquiler de barras moviles para eventos, etc.

Mas un trago —con o sin alcohol— es más que una bebida en un vaso. Es asimismo un acontecimiento social, y conlleva un componente cultural, con sus tradiciones y saberes. Como la norma ha sido, a lo largo de tanto tiempo, tomar algo con alcohol incluido, lo novedoso de tomar algo sin ese componente hace en muchas ocasiones que el cliente del servicio no domine ni conozca el planeta de este género de cócteles. Ahí debe entrar a jugar el bartender. Lamela afirma que muchas veces vienen clientes del servicio que le piden “un mojito sin alcohol”, lo cual no tiene sentido por el hecho de que un trago de esta forma es una limonada. “No tenemos una carta específica de tragos sin alcohol, de ahí que es que ahí yo indago en los gustos personales del cliente: qué género de tragos le gustan, qué tipo de sabores, cosas así”. Por servirnos de un ejemplo, puede salir un trago como este: jugo de pomelo, tomillo, almíbar de anís y agua tónica. “No le he puesto ningún nombre a ese trago. Son combinaciones que hacemos en la barra de tragos para gente que busca tomar algo en la cena o el almuerzo, por el hecho de que hay mucha gente que trata de salirse del refresco gasificado, lo cual me parece muy bien.”.

Posted in Sociedad Tagged with: ,

debmedia
August 4th, 2016 by Patricio

El mapa del flujo de personas que abandonan su lugar de origen para irse a buscar uno mejor, lejos de una tierra natal que no les puede dar más, muestra movimientos en todas las direcciones. Los más publicitados han sido los del Mediterráneo, tumba de una docena de personas por día, cerca ya de completar treinta mil muertos en los últimos quince años. Van en busca de bienestar a través de ese mar que los europeos cruzaron muchas veces impunemente cuando se apoderaron de tanta riqueza ajena y armaron su orgía de desarrollo en gran medida a costa de los demás. Buscan las oportunidades y el sueño que una vez los mismos poderes coloniales les mostraron como deseables.

La isla de Lampedusa, cuyo nombre recuerda la admonición de que hay que cambiarlo todo para que todo siga igual, se desactivó como destino turístico cuando se convirtió en el punto de entrada de los sobrevivientes del intento de miles de africanos por llegar a territorio europeo. En ese preciso punto de encuentro los nórdicos, que buscan unos días de sol, no quieren saber de la presencia, ni de la existencia, de esa gente que viene de los calores de África, así se trate de aspirantes a llegar al norte a hacer oficios secundarios o “degradantes” allí donde escasea la población o nadie se quiere rebajar.

A raíz de la crisis de Siria, así como del abatimiento de Iraq y de Afganistán, la isla de Kos, en otra época un apacible lugar del Dodecaneso, un grupo particular de doce islas en el Egeo, se ha convertido en el sitio más discreto y suave de desembarco de inmigrantes ilegales en el continente europeo, después de los escándalos de naufragios en otros lugares del Mediterráneo. Mujeres maltratadas, hombres arruinados, ancianos y niños indefensos, llegan revueltos en las madrugadas a una playa discreta luego de pagar entre quinientos y mil euros por persona por cruzar los cinco kilómetros que separan la costa griega del puerto turco de Bodrum, cuando el tiquete del transbordador autorizado que une los dos lugares vale apenas veinte. De paso, ahi está la muestra de la “rentabilidad del servicio”.

Algo parecido sucede cada día en la frontera que une y separa a los Estados Unidos del resto de las Américas, en las líneas divisorias del oriente de la Unión Europea, entre Rusia, Ucrania y todos los países de la antigua Unión Soviética, entre Guatemala y México, Burkina Faso y Costa de Marfil, Turquía y todos sus vecinos, India y Bangladesh, Arabia Saudí, Egipto y Pakistán, Australia y unos cuantos países que tienen costas a miles de kilómetros pero cuyos habitantes se sienten atraídos por el mismo sueño de los fundadores británicos de la nueva realidad. Y hasta en Colombia, donde existe la tendencia a no preocuparse por ninguna noticia y a creer que todo lo malo está fuera de nuestro alcance, la selva del Darién, que ningún Estado ha sido capaz de dominar, es un coladero de inmigrantes en busca del sueño americano.

El problema de fondo es que vivimos la transición de un desorden relativamente controlado a uno cada día más difícil de controlar, y que el mundo se ha hecho cada vez más desigual. Y eso nos parece tan normal que nos hemos acostumbrado a la reiteración desalmada de muchas “lampedusas”.

Un taxista de Atenas parece hacer una radiografía de la sociedad mundial entera cuando dice que su país está atrapado entre la invasión de los inmigrantes muertos de hambre, de paso hacia los países ricos, y los artificios incomprensibles de los banqueros, que son insaciables. Es decir los polos de una nueva bipolaridad, esta vez entre miseria y opulencia.

Los pactos que impulsan los gobiernos, al menos en el Mediterráneo, se orientan a reducir las cuotas de migrantes, o a frenar por la fuerza los viajes ilegales de personas en busca de nueva fortuna en el continente. La misma idea se concibe en los demás frentes de migración ilegal. Tarde piace! Ya no es hora de atajar sino de anticiparse y tomarse en serio la tarea de prever. Nadie dejaría su tierra si pudiese vivir en ella con dignidad. Nadie arriesgaría la vida por ir a vivir en otra parte apenas un poquito mejor.

El problema de las migraciones contemporáneas, representado en esa nación flotante de varios cientos de millones de personas descarriadas, según indico un conteo de personas, es lo que el taxista griego muestra con simpleza y profundidad. Todos los países, principalmente los que en últimas son receptores, que son a la vez los más ricos, deben actuar a tiempo. Y deben hacerlo sin indolencia y en consenso para ayudar a orientar la transición hacia un orden nuevo, más justo y más humano. Si no usan la imaginación para buscar que el bienestar en el respectivo país de origen sea el que frene las migraciones ilegales, una vez más le estarán dando la razón a Don Giuseppe Tomasi di Lampedusa cuando en su obra inmortal, El Gatopardo, sintetizó la ineptitud de gobiernos y gobiernos cuando demuestran que los cambios que se les ocurren a los políticos apenas sirven para que todo siga igual.

Tag: digital signage

Posted in Sociedad Tagged with: ,